LAS SERIES DEL FUTURO

Por Sebastián Edreira

Desde que empezó el último milenio, hemos visto muchos cambios profundos, que recién ahora empiezan a acomodarse. Es así como van apareciendo algunas tendencias que permiten entrever   cómo será el futuro de la televisión y, en particular, de las series.

Antes, los medios decidían todo por el usuario. Qué series podían ver, a qué hora, con qué frecuencia. La cantidad de episodios de una temporada se pensaba según las semanas que había destinadas a esa serie (por lo general, tres meses). Hoy, cada vez es mayor la tendencia a usar medios que permiten al usuario ver la serie que quiera, cuándo y dónde prefiera, y con la frecuencia que su cuerpo resista (quien no se haya dado un atracón, que arroje la primera piedra).

Esto da lugar a un nuevo paradigma en el que las series tendrán temporadas con distinta cantidad de episodios. Y esos episodios van a durar lo que tengan que durar. El caso paradigmático son las películas interactivas, en las que el usuario debe tomar decisiones. Esa experiencia puede durar 20 minutos o tres horas, según la curiosidad del espectador.

Antes, los medios medían la efectividad de una serie basándose en ratings. Esta forma era (y sigue siendo) totalmente subjetiva y muy cuestionada. Hoy, las plataformas digitales tienen información en tiempo real de cada usuario, y pueden cruzar sus intereses en base a todo lo que han visto. Esta información, no sólo sirve para recomendarle cosas, sino también para que ese medio pueda ver qué contenidos le conviene producir y cuáles, no.

A partir de esta data exhaustiva, reviven series que fueron discontinuadas hace años o aparecen combinaciones casi matemáticas que suman temas de moda y redundan en un Frankenstein imposible. Del mismo modo, ideas que parecían brillantes, desaparecen sin dejar rastros, de un día para el otro, o mueren abruptamente con un capítulo final, en lugar de una nueva temporada.

Antes, había una sola pantalla para ver series. Y con esa pantalla, no había más interacciones posibles que encenderla, apagarla, cambiar de canal y subir o bajar el volumen. Hoy, hay infinidad de pantallas, desde las computadoras (un smart TV es básicamente una computadora), hasta los teléfonos, pasando por consolas de videojuegos.

No sólo cambia el tipo de interacción con los contenidos, sino que además se abre el juego a un mundo de historias inmersivas, con la Realidad Virtual y la Realidad Aumentada. Se estima que en los próximos años, la cantidad de historias en primera persona será abrumadora. La línea entre una serie, una película y un juego, empieza a hacerse cada vez más borrosa.

 

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